Deudor del evangelio — Escuchar y entender
Nota sobre el audio: Este mensaje tiene una grabación de audio en coreano. Las notas a continuación están en español, pero al reproducir el audio oirás el contenido en coreano.
1. La iglesia en Roma
Este mensaje comienza con Romanos 1:8-15 y el profundo anhelo de Pablo por visitar Roma. Señala que este pasaje es todavía una introducción, previa al cuerpo principal de la carta a los Romanos, pero que igualmente muestra algo importante del corazón de Pablo.
La distancia entre Corinto, donde se supone que Pablo escribió esta carta, y Roma era de unos 1.300 km por tierra y mar combinados, un viaje de más de un mes incluso a caballo y en barco. Aun así, Pablo anhelaba visitar Roma, una ciudad que nunca había visto. Quien comparte el mensaje explica que, en los primeros tiempos del cristianismo, la iglesia todavía no se había establecido en todo el mundo, pero le había llegado a Pablo la noticia de que alguien había predicado el evangelio en Roma —el centro del mundo en ese entonces— y que había personas allí que lo habían recibido.
Alegrarse por la fe de la iglesia en Roma
Pablo había oído que los creyentes de Roma no solo habían recibido el evangelio, sino que estaban viviendo bien su fe. La iglesia en Roma no era una iglesia donde Pablo hubiera predicado el evangelio, ni una iglesia que él hubiera fundado, pero esa noticia por sí sola le trajo alegría y lo llevó a dar gracias a Dios. Romanos 1:8 se menciona junto con esta confesión de gratitud.
Quien comparte el mensaje explica que aquí Pablo llevaba el corazón de Dios Padre. Aun en un lugar con el que no tenía relación directa, podía alegrarse y dar gracias porque el pueblo de Dios estaba firme en la fe. Así fue como Pablo llegó a anhelar visitar Roma.
Orar por una iglesia que nunca había visto
En Romanos 1:9-10, Pablo dice que ora sin cesar por la iglesia en Roma, a la que nunca ha visto, pidiendo que se abra un buen camino para llegar a ellos dentro de la voluntad de Dios. Quien comparte el mensaje dice que el alcance de la oración de Pablo era amplio. Como humanamente no le resultaba fácil llegar a Roma, Pablo pedía a Dios su favor y oraba para que se le abriera una puerta para ir.
El corazón de pastor que quiere afirmarlos
En Romanos 1:11, Pablo dice que quiere ver a la iglesia en Roma para compartirles un don espiritual y así afirmarlos. Quien comparte el mensaje explica que, en ese tiempo, el Nuevo Testamento aún no estaba terminado y no existían edificios de reunión como los de hoy. El evangelio ya se había predicado, y por la obra del Espíritu Santo la gente había comenzado a reunirse para servir a Dios, pero a los ojos de Pablo todavía estaban en un estado frágil.
Quien comparte el mensaje lo compara con un recién nacido: hermoso y precioso, pero capaz de tambalearse ante la primera prueba o dificultad. Pablo quería compartirles el poder de la palabra que le había sido confiada, y la gracia y los dones del Espíritu, y ayudarlos, orando y adorando juntos, a echar raíces más profundas y a permanecer firmes. Quien comparte el mensaje describe este corazón como el corazón de Dios Padre y el corazón de un pastor.
Quien comparte el mensaje cuenta que él mismo, cuando ve a alguien que quiere creer en Dios pero no sabe cómo, siente un deseo urgente de ayudarlo. Explica que en él surge el deseo de orar para que esa persona se encuentre con el Señor y reciba gracia durante la adoración, y de compartir lo que tiene para que los creyentes débiles se afirmen en la fe. En relación con esto se menciona también el caso de un mentor que, con sabiduría, enseñó a alguien una oración que le ayudó a superar una dificultad.
La koinonía: animarse mutuamente por la fe
Romanos 1:12 presenta el deseo de Pablo de que él y la iglesia en Roma se animen mutuamente por su fe. Quien comparte el mensaje llama a esto koinonía. Explica que la koinonía no es simplemente una amistad humana o una comunión en sentido natural, sino un intercambio espiritual entre personas que han nacido de nuevo: personas que sirven a un mismo Dios Padre, viven en un mismo Espíritu Santo y comparten una misma palabra.
Quien comparte el mensaje dice que el Espíritu que vive en él vive también en el hermano o la hermana que tiene delante, y en los hermanos y hermanas de la iglesia en Roma que están lejos. Como todos caminan hacia el mismo cielo, cuando se comparte una misma palabra en un mismo Espíritu ocurre un intercambio espiritual. En ese momento, la confesión de la gracia que una persona ha recibido se convierte en gracia para otra, y cuando las personas oran juntas tomadas de la mano, el Espíritu se mueve entre ellas y trae restauración y sanidad.
Quien comparte el mensaje señala las reuniones de grupos pequeños y de compañeros de fe en el trabajo como lugares donde también se puede experimentar esta misma koinonía de la fe. Aunque los creyentes pertenezcan a iglesias distintas, pueden recibir fuerza al adorar juntos en un mismo Espíritu. También menciona experiencias en el campo misionero, donde personas que no comparten un idioma común encuentran gozo y ánimo al adorar y orar juntas en el Espíritu. Como otro ejemplo del gozo que reciben quienes sirven juntos de esta manera, se menciona el caso de conseguir un vehículo para ayudar en la obra de un misionero, y el gozo que sintió ese misionero por esa ayuda.
Quien comparte el mensaje también describe el acompañar y servir a una iglesia local y a una iglesia en el extranjero como otra forma de este ánimo mutuo por la fe, un servicio a través del cual, según explica, puede derramarse la gracia y el don de Dios.
Preguntas para la reflexión
Como Pablo, ¿puedes alegrarte por la fe de personas a las que nunca has conocido en persona y orar por ellas? ¿Qué despierta en ti la posibilidad de ayudar a quienes son débiles a afirmarse en la fe?
2. Llevar fruto
En Romanos 1:13, Pablo dice que quiere llevar fruto también entre la iglesia en Roma. Quien comparte el mensaje explica que llevar fruto fue la meta de vida que Pablo asumió después de encontrarse con el Señor.
El significado del fruto
Quien comparte el mensaje dice que el fruto del que se habla aquí no significa solamente predicar el evangelio a personas nuevas, ya que la iglesia en Roma ya se había encontrado con el Señor. Explica que predicar el evangelio también es fruto, pero que también es fruto que alguien que ya ha recibido el evangelio se edifique cada vez más espiritualmente por medio de los dones y las distintas gracias que ha recibido.
Como en el caso misionero mencionado antes, cuando se destinan recursos para que un obrero pueda cumplir bien su misión y se ayuda a que esa obra avance, eso también es, delante de Dios, parte de un fruto más amplio y completo. Quien comparte el mensaje dice que cuando una iglesia sirve a otra y la ayuda a afirmarse, también hay una recompensa por ese fruto para quienes sirvieron con sus finanzas, su oración y su entrega personal.
El propósito que estableció el Señor y el anhelo de Pablo
Quien comparte el mensaje explica que Juan 15:16 dice que el propósito por el cual el Señor nos estableció es que llevemos fruto. Pablo quería, derramando sin reservas la gracia, el poder y los dones que le habían sido dados, llevar fruto dondequiera que fuera, para gloria de Dios.
Quien comparte el mensaje dice que, si Pablo llegaba hasta la lejana Roma y compartía la gracia y el evangelio que le habían confiado, y la fe de los romanos se afirmaba, él consideraría eso también como fruto delante de Dios. Dice que Pablo creía que Dios le daría una recompensa cuando compareciera ante él habiendo llevado fruto, y confiesa su propio deseo de llevar fruto.
Usar los dones y los bienes que hemos recibido
Quien comparte el mensaje dice que llevar fruto no debería ser la meta de vida solo de Pablo, sino de todo cristiano. Explica que, una vez que una persona es salva, recibe la misión de llevar fruto para Dios, y que Dios le ha dado a cada uno dones, talentos y bienes para ese propósito.
Quien comparte el mensaje dice que lo que una persona acumula, e incluso su propio cuerpo, nunca puede llegar a ser suyo para siempre. Por eso, es importante que quien ha sido salvo use los dones, la gracia y los bienes que Dios le ha dado para el reino de Dios. Explica que, cuando los usamos así, fluye la vida de Dios, los débiles se edifican, los pobres reciben fuerza y las almas se salvan.
La corona, la recompensa y quien no tiene fruto
Basándose en Mateo 25:21, quien comparte el mensaje dice que, cuando una persona comparezca ante el Señor, Dios quitará todo velo y mostrará los resultados que dio esa vida. Explica que Dios elogiará al siervo fiel que haya llevado fruto y le haya dado gloria, y le dará una corona.
A continuación, quien comparte el mensaje también usa un lenguaje de advertencia. Dice que, si alguien entierra la gracia y los dones que Dios le dio, usa lo que tiene solo para sí mismo y no hace nada por el reino de Dios, se convierte en alguien sin fruto. Quien comparte el mensaje afirma: «Quien no tiene fruto no entra al reino de los cielos», y explica que la evidencia de la salvación está en si una persona está llevando fruto o no. Esto queda registrado aquí como una afirmación de quien comparte el mensaje, y no como un hecho establecido en este resumen.
Pablo ya había llevado el fruto de muchas iglesias fundadas, pero quería seguir llevando fruto y dar gloria a Dios. Quien comparte el mensaje considera desde esta perspectiva el deseo de Pablo de ir a Roma y su anhelo de encontrarse con los romanos y compartirles los dones que le habían sido dados. Quien comparte el mensaje dice que esta parte introductoria de la grabación todavía no entra en el cuerpo principal del mensaje del evangelio, pero que aun así necesitamos aprender la actitud y el pensamiento con que vivió Pablo.
Preguntas para la reflexión
¿Dónde estás usando los dones, los talentos y los bienes que Dios te ha dado? ¿Reconoces en tu corazón el anhelo de fruto que tuvo Pablo? Si no es así, ¿puedes pedirle a Dios que restaure ese anhelo en ti?
3. Deudor del evangelio
En Romanos 1:14-15, Pablo confiesa que es deudor de los griegos y de los bárbaros, de los sabios y de los ignorantes, y dice que quiere predicar el evangelio también a los que están en Roma. Quien comparte el mensaje explica que uno de los motivos por los que Pablo quería predicar el evangelio e ir a Roma era su deseo de saldar una deuda.
Deudor de todos
Quien comparte el mensaje describe a los griegos como los ciudadanos avanzados que estaban en ese entonces en el centro del mundo, y a los bárbaros como los distintos pueblos considerados incivilizados. Desde los sabios hasta los ignorantes, Pablo dice que es deudor de todos. Esto puede ser difícil de entender al principio, pero quien comparte el mensaje explica que lo que movía a Pablo era el deseo de pagar una deuda. Su deseo de ir a Roma y predicar allí el evangelio nacía de ese mismo corazón que quería pagar una deuda.
«Obligación» y «estar en deuda»
En este punto se menciona también 1 Corintios 9:16. Quien comparte el mensaje explica que la palabra «부득불» de ese versículo, que expresa una obligación ineludible, y la expresión «estar en deuda» de Romanos 1:14 pertenecen a una misma raíz.
A partir de esta explicación, quien comparte el mensaje plantea que la razón por la que Pablo predica el evangelio es que está en deuda. Así como no pagar una deuda trae exigencias o responsabilidad legal, Pablo entendía predicar el evangelio e ir a Roma como el pago de una deuda.
Pablo, que consideró la gracia como una deuda
Quien comparte el mensaje explica que, aunque Pablo había sido alguien que perseguía a la iglesia y odiaba a Jesús, se encontró con el Señor por el favor y la gracia gratuita de Dios, recibió la imposición de manos de Ananías y fue salvo al recibir el Espíritu Santo. Pablo consideró la gracia que había recibido como una deuda. Quien comparte el mensaje lo expresa así: se escribe «gracia», pero se lee «deuda», y dice que Pablo la recibió como una deuda de amor.
Quien comparte el mensaje explica que, aunque Pablo era alguien que no podía merecer la gracia, el primero de los pecadores, Dios igualmente le dio gracia, y por eso Pablo llevaba la determinación de pagar esta deuda incluso a costa de su vida.
La revelación en el desierto de Arabia y la deuda del evangelio
Quien comparte el mensaje dice que Dios le dio a Pablo una revelación especialmente grande del evangelio. Menciona que trece libros del Nuevo Testamento fueron escritos por medio de Pablo, y explica que a través de las cartas de Pablo quedaron registrados el patrón de fe para el mundo gentil, la salvación por la fe y el marco de una vida de libertad vivida en el Espíritu.
Quien comparte el mensaje dice que fue mientras Pablo estaba en el desierto de Arabia cuando Dios le reveló este evangelio con poder. Explica que Dios le abrió a Pablo el paso del primer pacto del Antiguo Testamento al nuevo pacto del Nuevo Testamento, y el establecimiento de un marco nuevo, de odres nuevos. Pablo, que él mismo había perseguido a la iglesia, consideraba una deuda que Dios le hubiera mostrado una gracia inconmensurable y le hubiera revelado este gran evangelio.
Por eso Pablo creía que debía predicar este evangelio a todos —a griegos y bárbaros, a sabios e ignorantes— para pagar esa deuda. Quien comparte el mensaje dice que Pablo llevaba la determinación de recorrer los 1.300 km en barco y a pie aun en medio de la tormenta y las olas, y que, si era encarcelado, seguiría escribiendo cartas aunque su cuerpo estuviera atado; con este corazón predicaba el evangelio. Menciona Efesios, Colosenses y Filipenses como cartas escritas desde la prisión.
El sufrimiento y el corazón de la libación
Quien comparte el mensaje dice que la gratitud que una persona siente al recibir la gracia por primera vez puede irse desvaneciendo con el tiempo. Nos invita a examinar si acaso empezamos a tratar a Dios como si él fuera el deudor y nosotros los acreedores, y a notar cuándo empezamos a quejarnos ante las dificultades. Pero explica que vivir bien la fe no significa que todo salga bien, y que el propio Pablo sufrió dificultades al predicar el evangelio.
En relación con Filipenses 1:29, quien comparte el mensaje explica que la gracia que Dios da no es solo creer, ser bendecido y alegrarse, sino también compartir el sufrimiento por el reino del Señor. Explica que Pablo estaba agradecido incluso en el sufrimiento, que sin que nadie se lo pidiera oraba con gozo por quienes se habían encontrado con el Señor, y que anhelaba compartirles la gracia, los dones y el evangelio que le habían sido dados. Por ser deudor, quería pagar esta deuda incluso a costa de su vida.
Quien comparte el mensaje explica la confesión final de Pablo, en la que dice estar dispuesto incluso a ser derramado como libación. La libación, según la comparación que usa quien comparte el mensaje, era en el sacrificio del Antiguo Testamento el acto de verter vino agrio o alcohol sobre la ofrenda cuando el fuego se iba apagando, para reavivarlo. Pablo estaba dispuesto a ofrecer su propia sangre como libación de martirio con tal de volver a levantar y fortalecer la fe y las iglesias de otros.
Quien comparte el mensaje dice que Pablo vivió con este corazón, y que Dios, a través de la entrega de Pablo, levantó en poco tiempo muchas iglesias por toda Asia y Europa. Explica que la razón por la que Pablo llevó tanto fruto fue que al Señor le agradaba esta entrega de su corazón.
Un testimonio de un retiro de oración en 1992
Quien comparte el mensaje comparte un testimonio personal sobre un retiro de invierno con estudiantes en una casa de oración en enero de 1992. Recuerda que en la pared había una cruz, con una pintura de Jesús mirando hacia esa cruz desde abajo. Al frente, un equipo de alabanza dirigía los cantos, y quien comparte el mensaje dice que, al escucharlos, se sintió profundamente conmovido, en especial por la letra que hablaba de vivir toda la vida como deudor y de pagar la deuda al Señor.
Quien comparte el mensaje dice que en ese entonces tenía veintidós años y que no podía comprender todo el significado de cada línea, pero afirma que, cuando el Espíritu Santo abre un corazón, el corazón y la voluntad de Dios pueden traspasar un alma sin importar la edad. Describe cómo lloró, se entregó a Dios y confesó que pagaría esta deuda predicando el evangelio y la palabra. Recibió esto como el llamado del Espíritu Santo a vivir pagando esa deuda mediante el anuncio de la gracia que lo salvó.
Quien comparte el mensaje recuerda que después caminó un tiempo, cantando esa canción y llorando. Dice que este fue el mismo corazón que movió a Pablo, y le pregunta a la audiencia si ellos también se consideran deudores. Pensando en un mundo donde todavía hay personas que en toda su vida jamás han oído el evangelio, quien comparte el mensaje añade que Pablo, de haber estado en nuestro lugar, habría vendido sus posesiones con tal de ir a predicarles el evangelio.
Recuperar un corazón perdido
Quien comparte el mensaje dice que, cuando este corazón se pierde y se desvanece, llegan la comodidad y la queja. Advierte contra una vida de fe en la que nos quejamos como si Dios se hubiera convertido en el deudor y nosotros en los acreedores, y ora para que Dios restaure en nosotros un corazón humilde y el corazón que tuvo Pablo.
Preguntas para la reflexión
¿Con qué actitud estás recibiendo la gracia de Dios? ¿Puedes pedirle a Dios que restaure en ti el corazón de deudor del evangelio que tuvo Pablo?