El nuevo nacimiento — Escuchar y entender
Nota sobre el audio: Este mensaje tiene una grabación de audio en coreano. Las notas a continuación están en español, pero al reproducir el audio oirás el contenido en coreano.
1. La conversación de Jesús con Nicodemo
Quien comparte el mensaje comienza relatando cómo Jesús le dijo a Nicodemo que nadie puede entrar en el reino de Dios sin nacer de nuevo, de agua y del Espíritu, y cómo Nicodemo no entendió lo que Jesús quería decir. Quien comparte el mensaje le hace la misma pregunta a la audiencia: si entienden el nuevo nacimiento, y lo llama el fundamento de la fe cristiana. Dice que quienes de verdad han nacido de nuevo son precisamente quienes más se interesan en este tema.
Quien comparte el mensaje comparte la tristeza de que, aunque mucha gente asiste a la iglesia, son pocos los creyentes que realmente nacen de nuevo, reciben vida y luego dan fruto y crecen. Ve la causa en una falta de conocimiento bíblico: una comprensión incompleta de qué es el nuevo nacimiento y qué es la fe verdadera. Esto queda registrado como una observación pastoral personal de quien comparte el mensaje.
Quien comparte el mensaje explica después la respuesta de Jesús tras el desconcierto de Nicodemo, comparándolo con dos dichos coreanos que describen una reacción totalmente fuera de lugar e inesperada, y acude a Juan 3:6-7. Dice que lo que nace de la carne es el nacimiento físico, y lo que nace del Espíritu es el nacimiento del espíritu por medio del Espíritu Santo. Dice que las personas ya están cortadas de Dios desde su nacimiento, citando Efesios 2:1.
Quien comparte el mensaje reconoce que algunos pueden objetar la afirmación de que el ser humano es pecador desde el principio. Aun así, señala cosas como la mentira y la terquedad que aparecen en los niños sin que nadie se las enseñe, como evidencia de la corrupción de la naturaleza humana. Explica que la «muerte» de la que habla la Biblia no es una aniquilación en la que se pierde toda sensación, sino estar cortado de Dios, y lo compara con una planta a la que se le han cortado las raíces: aunque no se marchite de inmediato al ponerla en agua, ya está, en efecto, muerta. En esta condición, dice, ni siquiera la mejor ética o religión —pone como ejemplos el budismo, el islam y el cristianismo— puede resolver el problema de fondo. Esto queda registrado como una afirmación teológica planteada por quien comparte el mensaje.
En este punto, quien comparte el mensaje presenta a un monje budista que practicó la ascesis y la disciplina espiritual toda su vida, pero que, según se dice, dejó cerca del final un poema en el que confesaba la grandeza de su propio pecado, e interpreta esto en el sentido de que, ante la muerte, el ser humano no puede evitar enfrentarse a su propio pecado.
Quien comparte el mensaje dice que las palabras «si no se nace de agua y del Espíritu, no se puede entrar en el reino de Dios» se aplican por igual a toda persona, no solo a quienes profesan una religión determinada. Compara el nuevo nacimiento con milagros como sanar de un cáncer terminal o resucitar a un muerto, y lo llama un milagro todavía mayor. Menciona Juan 5:29 y Romanos 2:16 como advertencias sobre el juicio, y dice que, aunque el cuerpo de una persona muera, su esencia no desaparece. En este punto quien comparte el mensaje menciona que cierta denominación enseña la extinción después de la muerte; esta es una explicación ofrecida por quien comparte el mensaje, y estas notas no verifican la doctrina real de esa denominación. Habla también del temor de que lo escondido se descubra en el juicio, y de la angustia interior que, según dice, encontró en común en personas de circunstancias muy distintas durante su ministerio. Esto queda registrado como una experiencia pastoral personal de quien comparte el mensaje.
Quien comparte el mensaje explica que la sed más profunda del ser humano no es la falta de bienes materiales, sino «un hambre espiritual causada por no oír la palabra de Dios», citando Amós 8:11, y sugiere leer juntos Mateo 4:4. Continúa diciendo que las personas tienen un espíritu cuyo alimento es la palabra de Dios, y cita Juan 4:14. Explica que, cuando las personas se arrepienten, sus pecados son lavados por la sangre de Jesús y nacen de nuevo, y entonces se da a sus almas el alimento y el gozo del cielo. Dice que la religión existe de manera universal porque el ser humano tiene un espíritu, pero que ese espíritu solo se llena cuando el Señor se convierte en el amo de ese lugar. Esto queda registrado como una afirmación teológica planteada por quien comparte el mensaje.
2. Los tres elementos del nuevo nacimiento (busca los versículos bíblicos y anótalos)
Quien comparte el mensaje presenta tres elementos importantes para el nuevo nacimiento.
El primer elemento es la obra del Espíritu Santo. Quien comparte el mensaje dice que, así como el viento no se puede ver pero se puede sentir su movimiento, el Espíritu Santo también obra de manera invisible, citando Juan 3:8 y el descenso del Espíritu Santo en Hechos 2. Explica que, cuando el Espíritu Santo actúa, en la persona surge una sed espiritual que no puede explicarse, y hasta alguien que antes no tenía ningún interés en la iglesia puede notar que su corazón se siente cada vez más atraído; interpreta esto como una «invitación a la salvación» que da el Espíritu Santo, aunque subraya que recibir esta invitación no significa que todos sean salvos de inmediato.
El segundo elemento es la palabra. Citando 1 Pedro 1:23, quien comparte el mensaje explica que el nuevo nacimiento se produce por medio de una simiente incorruptible, la palabra viva de Dios. Pone como ejemplo un árbol de un parque nacional de los Estados Unidos, de unos cien metros de altura, cuyo tronco es tan ancho que hacen falta varias personas tomadas de la mano para rodearlo. Explica que, así como ese árbol gigantesco creció de una pequeña semilla, en la palabra de Dios también hay vida y poder capaces de llevar a una persona a la salvación, y contrasta a quienes cambian de inmediato al oír la misma palabra con quienes no muestran ningún cambio aunque la escuchen durante mucho tiempo.
El tercer elemento es el corazón de la persona que recibe esa palabra. Apoyándose en la parábola del sembrador, quien comparte el mensaje explica que, así como la misma buena semilla da resultados distintos según el estado del terreno —terreno pedregoso, espinos, y así sucesivamente—, las personas responden de manera distinta a la misma palabra según el estado de su corazón. Dice que Dios no cambia por la fuerza el libre albedrío humano, y que el resultado depende de si la persona recibe o rechaza el impulso que ha sentido. Explica que incluso la conversión del apóstol Pablo no fue un suceso unilateral: el propio Pablo confesó ante el rey «아그리바» que él no rechazó, sino que recibió, el impulso de aquella luz. Advierte que resistirse continuamente a ese impulso puede, con el tiempo, hacer que cese y alejar a la persona de Dios, y citando 1 Tesalonicenses 2:13, subraya la importancia de una actitud receptiva que reciba la palabra no como palabra humana, sino como palabra de Dios.
En este punto, quien comparte el mensaje presenta el video de testimonio de una persona dedicada a la actuación. Esta persona dice que, después de orar mucho tiempo sin recibir respuesta, quedó impactada por las palabras de un conocido: «Creer en lo que se puede ver no es fe; es confirmación. La fe verdadera es creer en lo que no se puede ver». Después de encontrar en la Escritura un versículo con la misma idea, Hebreos 11:1, dice que dejó la actitud de querer confirmarlo todo, comenzó a estudiar la Biblia y que ese tiempo le resultó gozoso. Esta es la experiencia individual de la persona que da el testimonio; estas notas no la tratan como un modelo fijo de conversión aplicable a todas las personas.
Quien comparte el mensaje subraya que esta actitud —abrir el corazón y decidir creer— es importante. Dice que el corazón humano se ha endurecido tras años de vivir con las propias fuerzas, con un ídolo del yo, y no de Dios, en su centro. Explica que, si este terreno no se ara, la palabra es rechazada enseguida, por mucho que se la escuche. Por eso, dice, los pobres en espíritu son salvos. Explica que, tras el fracaso de un negocio o una gran dificultad en la vida, puede llegar el momento en que alguien se dé cuenta de que el ídolo del yo en el centro de su corazón no era nada; si en ese lugar se oye el evangelio, puede recibirse de inmediato. Esto queda registrado como una interpretación teológica ofrecida por quien comparte el mensaje.
3. ¿En qué debe tener cuidado quien ya cree haber nacido de nuevo?
Quien comparte el mensaje dice que, cuando el ídolo del yo en el centro del corazón pierde su fuerza y se recibe el evangelio, el nuevo nacimiento ocurre de inmediato, y presenta como ejemplo una oración de arrepentimiento que reconoce el señorío de Jesús. Después dice que, cuando pregunta a quienes afirman haber nacido de nuevo por qué lo creen, a menudo responden señalando una experiencia emocional del pasado, como haber llorado, y señala que esa experiencia en sí misma no es el verdadero criterio del nuevo nacimiento. Pregunta: «¿Quién es el amo?», y dice que cada persona ya conoce la respuesta. Esto queda registrado como una afirmación teológica planteada por quien comparte el mensaje; estas notas no determinan si esta manera de entender la verdadera evidencia del nuevo nacimiento es la única posición teológica posible.
Quien comparte el mensaje dice que, incluso alguien que en algún momento pareció haber nacido de nuevo, puede ver cómo la palabra «crece y luego es arrancada» si el yo vuelve a convertirse en el amo de su vida, remitiendo de nuevo a la parábola del sembrador. Dice que la salvación no se completa como un único suceso extraordinario en el pasado, sino que consiste en mantener continuamente la fe en un estado puro, y que la seguridad de la salvación se muestra no por una experiencia, sino por el fruto. Sugiere leer juntos Juan 15:6 y explica que «permanecer en el Señor» significa que él es el amo de la propia vida. Dice que volver a apartar al Señor tiene como resultado que la pasión se enfríe y que nos alejemos de la oración y de la palabra.
Quien comparte el mensaje cita Gálatas 5:17 y dice que la vida de fe incluye una lucha entre los deseos de la carne y el Espíritu, y anima a seguir sometiéndose delante de Dios en esa lucha. Por último, anima a quienes todavía sienten que no han nacido de nuevo: el simple hecho de que el corazón se sienta traspasado al escuchar la palabra ya es, dice, evidencia de que el Espíritu Santo está obrando. Reconoce, sin embargo, que cuanto más terca y centrada en sí misma es una persona, más difícil puede ser el camino hacia el nuevo nacimiento, y anima a los oyentes a buscar a Dios de todo corazón tal como están. Los reta a preguntarse qué pasaría si dejaran este mundo hoy mismo, y cierra la grabación diciendo que, si claman a Dios incluso ahora, leen la Escritura y se acercan con sed espiritual, la salvación se dará como un regalo.