Conmovido por el poder del evangelio — Escuchar y entender
Nota sobre el audio: Esta lección tiene una grabación de audio en coreano. Las notas a continuación están en español, pero al reproducir el audio oirás el contenido en coreano.
1. No me avergüenzo del evangelio
La grabación comienza con la congregación leyendo juntos Romanos 1:16-17. El evangelista llama a estos dos versículos «la Carta Magna del evangelio», los presenta como los versículos que resumen el evangelio que se despliega en toda la carta a los Romanos, y explica que Pablo dice que no se avergüenza del evangelio porque entonces había, y todavía hoy hay, una resistencia considerable hacia el evangelio.
Una resistencia que continúa hoy
En la iglesia donde sirve el evangelista, el equipo de evangelismo reparte folletos del evangelio a los niños del vecindario y, casi siempre, esa misma tarde reciben llamadas de queja. En el pasado, compartir el evangelio con los niños y darles un refrigerio se aceptaba sin mucha resistencia social, pero la grabación dice que hoy tanto los niños como los padres a menudo reaccionan al evangelio con hostilidad.
Cómo respondieron judíos y griegos
Basándose en 1 Corintios 1:22-23, el evangelista explica cómo respondía la gente de esa época al evangelio. Los judíos buscaban señales y prodigios. Moisés, a quien veneraban, había partido el mar Rojo y desatado diez plagas, y el mesías que esperaban era un guerrero poderoso como David que liberaría a su nación de Roma. Pero el evangelio proclamaba que el Hijo de Dios había muerto en una cruz, y esto era para los judíos una «piedra de tropiezo»: una historia que les resultaba desagradable y de mal agüero.
Los griegos buscaban sabiduría. El evangelista explica que doscientos o trescientos años antes de que viniera Jesús ya habían estado activos filósofos como Platón, Sócrates y Aristóteles, y que era una época en la que corrientes como el neoplatonismo, el estoicismo y el epicureísmo despertaban la curiosidad intelectual. Pero lo que Pablo predicaba no era una retórica filosófica brillante, sino un mensaje que exigía arrepentimiento: la historia de que el Hijo de Dios había muerto en una cruz, la forma de ejecución más severa de Roma, y había resucitado tres días después. Para los griegos, esto estaba lejos de ser intelectualmente satisfactorio; se sentía como una carga y sonaba como «una necedad».
Por qué, aun así, no se avergonzaba
Basándose en 1 Corintios 1:18 y 1:24, el evangelista explica que el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan es el poder de Dios. El mismo evangelio de la cruz suena necio para algunos, pero para quienes se arrepienten y lo reciben, actúa como una fuerza poderosa de Dios. En este punto, el evangelista menciona la expresión «두나미스» y la explica como el poder de Dios. El evangelista también explica que Pablo proclamó esta palabra con la convicción de que, les gustara o no a las personas, solo el evangelio tiene el poder de dar vida.
Una lucha personal con la vergüenza
El evangelista comparte una experiencia personal de después de recibir la gracia y decidir predicar el evangelio: en un autobús lleno de gente, surgió un impulso fuerte de proclamar el evangelio en voz alta, pero la vergüenza le impidió hablar. El evangelista dice que, cargando una sensación de derrota después de bajarse del autobús, más adelante encontró de nuevo el valor para predicar el evangelio con una guitarra en el metro y en el mercado.
Las corrientes del seminario y el camino que eligió el evangelista
El evangelista recuerda una corriente de pensamiento de su época en el seminario. En una era de razón y ciencia, muchos estudiantes de seminario de entonces sentían que conceptos como la cruz, la resurrección, el cielo y el infierno ya no resonaban con la gente moderna, y que, en lugar de proclamar estos hechos como reales, había que explicarlos en términos del «significado» que llevan para el sufrimiento y la esperanza de la vida, y que incluso la afirmación de que solo Jesús es el Salvador podía sonar intolerante. Citando 1 Corintios 1:21, el evangelista explica que Dios eligió, en cambio, traer la salvación precisamente a través del mensaje que el mundo considera necio —la cruz y la resurrección—, y dice que cuando un púlpito deja de hablar de la resurrección, la creación, el cielo y el infierno, la iglesia pierde su fuerza. El evangelista conecta el declive de la iglesia europea con esta misma corriente de pensamiento.
En contra de esta corriente, el evangelista describe haber elegido seguir predicando el mensaje de la cruz, el arrepentimiento y el cielo y el infierno tal como son. Recuerda haber enfrentado las burlas de los estudiantes, pero también haber visto arrepentimiento y avivamiento. El evangelista subraya que lo que importa no es el tamaño de una multitud, sino predicar el mensaje que Dios respalda.
2. El poder de salvación contenido en el evangelio
Después de leer una vez más Romanos 1:16, el evangelista dice que el mayor poder de Dios en este mundo está contenido únicamente en el evangelio. La Biblia también registra otras manifestaciones de poder —el mar Rojo que se abre, fuego que cae del cielo—, pero el evangelista dice que el más poderoso de todos es el poder de salvación dentro del evangelio de la cruz y la resurrección. El evangelista describe el ser salvo como, en sí mismo, ya el mayor milagro: un espíritu que estaba muerto vuelve a la vida, y el propio ser de la persona cambia. Solo al experimentar realmente este evangelio, y no simplemente conocerlo de manera intelectual o tratarlo como algo superficial, llegamos a quedar conmovidos por él como Pablo, y a proclamarlo.
El evangelista organiza el poder de salvación contenido en el evangelio en dos partes: el perdón de pecados y la vida.
Primero, el perdón de pecados
El evangelista explica que Dios identifica el problema más fundamental del ser humano como el pecado. Este pecado no es solo una falta moral, sino una condición de raíz: una relación con Dios que ha sido cortada. Solo cuando este diagnóstico queda claro se hace evidente qué es en realidad el perdón que ofrece el evangelio, y por qué debemos creer en este evangelio.
Basándose en Romanos 3:23-24, el evangelista explica que todos han pecado y no alcanzan la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por la gracia de Dios mediante la redención que hay en Cristo Jesús. El evangelista describe esta redención en términos de la sangre expiatoria derramada en la cruz, y dice que creer en esa sangre trae el perdón de pecados y restaura, en su raíz, nuestra relación con Dios.
El evangelista continúa diciendo que ninguna otra religión tiene a alguien que haya declarado y logrado por sí mismo este tipo de expiación; solo la cruz y la resurrección de Jesucristo resuelven este problema del pecado. Esto queda registrado aquí como una afirmación del evangelista al comparar otras religiones, y no como un hecho establecido en este resumen.
El evangelista dice que quien vive separado de Dios y muere en ese estado llega al infierno, y subraya cuán importante es en realidad la relación que restaura el perdón de pecados. Esto también queda registrado como una afirmación del evangelista, y no como un hecho establecido en este resumen.
Segundo, la vida
El evangelista dice que a quienes han recibido el perdón de pecados se les da después la vida. Basándose en Romanos 5:18, explica que por un acto de justicia muchos son hechos justos y quedan conectados con la vida de Dios. Esta vida es difícil de entender para quien nunca la ha experimentado, y el evangelista usa el ejemplo del durián, una fruta tropical: por mucho que se describa, no se puede conocer de verdad sin probarla, y lo mismo ocurre con la vida de Dios que fluye dentro de una persona. Cuando el Espíritu Santo entra y devuelve a la vida un espíritu que estaba muerto en lo profundo, la paz y el gozo brotan desde ese mismo lugar.
Basándose en Juan 4:13-14, el evangelista describe esta vida como agua viva, un manantial que brota eternamente desde adentro. El evangelista dice que las personas llevan no solo sed física, sino una sed interior que nunca se sacia, y que perseguir el éxito o el placer no la calma. Explica que esta agua viva es el Espíritu Santo, y que el Espíritu se convierte en el agua de vida que sacia nuestra verdadera sed espiritual.
El evangelista dice que esta vida está contenida únicamente en el evangelio de la cruz y la resurrección de Jesucristo, y que ninguna filosofía, religión o ley contiene esta vida.
Una vida que predica el evangelio
El evangelista comparte una experiencia de haber corrido a su casa esa misma noche, después de encontrarse con este evangelio, para proclamárselo a su familia. En un entorno de ministerio donde predominaba una corriente fuertemente pluralista y filosófica, el evangelista comenzó a proclamar de nuevo el evangelio, y dice que, como resultado, los miembros de su familia llegaron a la fe uno tras otro. El evangelista compara lo que sucede cuando una persona queda conmovida por el poder del evangelio y comienza a proclamarlo con la manera en que la levadura hace crecer toda una masa: el cambio se extiende por todo un hogar.
El evangelista dice que su vida cambió como del día a la noche después de empezar a proclamar el evangelio, y recuerda haberlo compartido con todos los que encontraba, en el ejército y en todas partes. El evangelista dice que, cuando proclamaba el evangelio, sentía que junto con él se derramaba el amor de Dios —el amor que entregó a su propio Hijo para que pudiéramos ser perdonados—, y describe como un gozo que no se puede cambiar por nada el ver a las personas llorar, arrepentirse y nacer de nuevo al recibir ese amor. Cierra diciendo que este evangelio nos ha sido confiado.